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El ciencioambientólogo maldito

09 Oct

«Sonriente como pocos y algo socarrón.

Simplemente no, no puede tener la razón».

El ciencioambientólogo maldito va por la vida sin preocuparse, esbozando una sonrisa y comentando lo que le viene en gana. El ciencioambientólogo maldito no se preocupa por el trabajo, por el dinero, por el estudio, ni por la fama. No le importa el por venir, ni las cosas que hay por hacer, sólo vive el momento y hace de su vida algo así como su propio cuento, ese que le gusta a él, ese que para él vale la pena vivirse.

La gente y muchos de sus colegas lo miran siempre alarmados ¡No puede ser! dicen, ¿cómo puede ir alguien por la vida tan equivocado? El ciencioambientólogo maldito sigue su andar, ése que siempre lo ha caracterizado y vuelve a reír. Entre tanto, sus detractores siguen cuestionándole sobre sus modos y maneras de vivir.

Mientras que la mayoría de la gente se rige por ciertas reglas en común, a él sólo lo gobiernan las suyas, lo moral e inmoral para él dependen del contexto y el deber no es más que un vano invento. Hace lo que le viene en gana, dice lo primero que se le ocurre, le tiene sin cuidado si la gente se molesta por ello o no, de todos modos él lo seguirá haciendo; porque así es él, porque no va a cambiar, porque no lo van a cambiar, porque no tiene que hacerlo y porque no quiere hacerlo.

¿Qué tal si las personas que creímos que estaban equivocadas realmente siempre estuvieron en lo correcto? ¿Qué tal si el camino a seguir no siempre fue el recto? ¿Y si ir por ahí con reservas no es de lo que se trata la vida? ¿Y si sólo en este efímero momento lo único que importa es disfrutar lo que tienes y vivir con alegría? ¿Y si la vida para cada quién tiene distintos significados y por eso el ciencioambientólogo maldito nunca los ha criticado?

Habrá que volver a pensar entonces quién está equivocando y quién no lo está. Habrá que reflexionar sobre la complejidad y lo ambiental. Habrá que mirarnos nuevamente y cuestionar nuestro proceder. Habrá que replantearnos los problemas y cómo se quieren ver.

Muchos lo aborrecen, tal vez porque hay cierta parte de ellos que no les gusta y la ven reflejada en él. Los que no lo han comprendido le han retirado su amistad, lo han alejado de su vida y le han dado la espalda. Yo por mi parte, le llamo mi amigo y lo admiro.

Porque con su proceder sigue enseñando, con su actuar nos está desafiando, porque al oírlo hablar nos damos cuenta que sabe lo que dice y lo que hace, y siempre lo ha sabido. Porque hasta las ciencias ambientales a su hijo han desconocido. Porque a veces es difícil soportar tanto calor cuando se acostumbrado al frío.

El ciencioambientólogo maldito camina, oye sus críticas, sigue caminando.

Ricardo Velez

 

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