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Aquí nos toco vivir

11 Dic

«Aquí nos toco vivir». Es el nombre de un programa de televisión que se transmite por Canal Once, pero más allá de los contenidos de dicho programa, lo que me resulta curioso es que dicha frase se ha convertido en el slogan de muchos mexicanos. A veces pienso que si nuestra bandera fuera parecida a la brasileña, en vez de contener la leyenda “Ordem y Progresso” rezaría esta frase que tanto nos agrada, y es que queramos o no, aquí nos toco vivir, y para decirlo bien se tiene que decir con el mismo tono con el que diríamos “ya nos chingamos”, porque que cuando la decimos suele ser porque afrontamos un problema de lejana solución o porque el mismo es de constante repetición.

Como cuando manejamos alegremente por la ciudad y por azares del destino terminamos en Viaducto en horas pico, quizá si usted es de provincia o ajeno a esta realidad, lo primero que hará será recordarle el Día de las Madres a otros conductores, pitará el claxon con una devota desesperación o quizá, preso de su propia rabia, empezará a golpear su cabeza contra el volante, pero dicho sea de paso, esto no sucede siempre, el defeño con callo, ya habituado a los embotellamientos, no mienta madres  ni toca el claxon, a lo mucho baja la ventana, prende un cigarro, respira hondo y repite la frase “aquí me toco vivir”. Lo curioso es que lo que al amigo paisano lImagee causa desesperación, al compañero chilango le causa resignación y resulta peculiar porque mientras el provinciano manotea, grita y patalea, pensando que con corajes y con caprichos se solucionarán sus problemas, el citadino, con esta simple y llana frase, acepta que existe un problema, y más que eso, acepta que su solución es complicada y que no hay nada que pueda hacer en ese momento para cambiarlo.

A mi parecer, es está diferencia de perspectivas lo que causa que en el D.F. y en otras ciudades muchas personas sean más movidas, más propositivas, alternas, visionarias, claro que están los que a diario se resignan a enfrentarse con el tráfico y que tristemente se habitúan a ello, pero también están los que empezaron a salir en bici a su trabajo, a compartir carro o a usar el transporte público, los que con su iniciativa causaron que se creará una ciclovía, que se incrementará y mejorará el transporte público, los que poco a poco están cambiando sus hábitos y que cada vez son más conscientes de los problemas que los rodean. Lo único que me entristece es que parece que necesitamos que el agua nos llegue al cuello para que empecemos a patalear, pareciera que el cambio sImageolo se da cuando el problema nos alcanza, cuando está a punto de derribarnos, dice la frase que el que no conoce su historia está condenado a cometer los mismos errores del pasado y justo para allá va todo Morelia,  para allá va toda provincia, poco a poco se van poniendo la soga al cuello, pensando que los problemas de la ciudad no les ocurrirán a ellos. El D.F. es un claro ejemplo de cómo no debe ser una ciudad pero es un ejemplo totalmente ignorado pero en provincia los más horrorizados son los exiliados de la ciudad porque están notando que el monstruo los está alcanzando y que si siguen así, tarde o temprano los volverá a tragar y ya no va a haber para donde escapar.  La pregunta del millón será si tendremos que esperar a que eso suceda para que empecemos a cambiar, ojalá y no sea así, pero por lo pronto les propongo que nos pongamos a patalear.

Fernando Pompa Rangel

Lic. en Ciencias Ambientales

 
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Publicado por en 11 diciembre, 2011 en Cambio climático

 

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